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| El secreto de Alejandro Magno |
En la primavera de 323 a. C. Alejandro Magno inspeccionaba con una pequeña flota los pantanos cercanos a Babilonia para mejorar el sistema de distribución de agua. Seguramente causa de las picaduras de la enorme cantidad de mosquitos contrajo la malaria y murió. El regente Pérdicas, de acuerdo con la reina madre, decidió mandar el cuerpo a Macedonia para enterrarlo en la tumba real de los reyes Argéadas y a tal fin construyó el enorme y suntuoso carro que había de transportarlo. Sin embargo, Ptolomeo I interceptó el carro y se lo llevó a Egipto, donde quería afianzar su poder, colocando el cuerpo en una tumba vacía en la antigua Menfis. Años después, Ptolomeo II lo transladó a Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro en 331 a. C. Parece ser que, finalmente, el cuerpo del rey reposó en un Mausoleo, erigido dentro de un recinto sagrado, conocido como el Soma. Allí lo visitaron César, Octavio y Adriano entre otros. Pero en 365 d. C. Alejandría fue golpeada por un gigantesco tsunami, que situó a los barcos sobre los pocos tejados de la ciudad que aguantaron. Ese día desapareció la tumba. El protagonista es el egiptólogo Daniel Knox, el cual, al saber que unos obreros por casualidad han encontrado la entrada a una catacumba, supone que allí estará la tumba de Alejandro y el tesoro más maravilloso nunca visto. En su búsqueda, como en toda aventura, lo acompañará una chica y habrá un malo, el brutal magnate naviero Hassan al-Assyuti, que no dudará en matar para conseguir su objetivo.

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